estrofado de ternera: un potaje de versos

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Este miércoles día 2 de noviembre me estreno recitando mis poemas junto a gente maravillosa en la librería Nakama en Chueca.

Admito desde ahora que tengo un poco de miedito, con eso de que no lo he hecho nunca, puede salirme un churro. Tampoco ayuda que tan sólo 3 personas han leído mis poemas, ni el hecho de que aun no he decidido cuáles recitar pasado mañana. Pero a la vez, me pueden las ganas, por primera vez en mi vida me estoy enfrentando a ese miedo, dejando que desconocidos (y amigos, porque seguramente sean los únicos que vengan) escuchen mis textos.

Espero veros en la Librería Nakama (Pelayo, 22 – Chueca), este miércoles día 2 de noviembre a las 21h.

Además de poder escuchar y ver como me desvirgan (poéticamente hablando), podréis disfrutar de María Part, Lluis Mosquera y Enrique Cervantes. Incluso, si os atrevéis, podéis leernos/recitarnos alguno de vuestros poemas, ya que haremos una suerte de open mic, sin micrófono, eso sí.

¡Os esperamos!

 

couscous con espinacas y tomates deshidratados

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Ey… me has pillado sigo vivo. Pero es que la vida en la “gran ciudad” me ha tenido tan absorbido que de repente ha pasado un año desde la última vez que os escribí por aquí.

Entre mis nuevos propósitos para el curso 16/17 (yo siempre he sido más de hacerlos cuando llega septiembre que antes del año nuevo) está eso de escribir más, y para escribir más, cocinar más y mejor, más sano.

Desde que me vine a Madrid descuidé mucho mi salud en cuanto a alimentación, pero ahora que he empezado a ir al gimnasio y a entrenar con Francesc y a probar nuevos ingredientes y recetas más saludables, no puedo dejar de no compartirlo con vosotros. Y es que un viaje con amigos, con conocidos, es siempre más entretenido y llevadero.

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Lo bueno de este viaje es que yo lo empecé hace tiempo (aunque lo dejé apartado, y volví a comer fatal, como antes de ponerme enfermo), pero las cosas han cambiado, de repente, estoy cansado de ponerme excusas a mí mismo en cuánto a comer bien.  (Y no, no voy a dejar de comer/hacer tartas de vez en cuando; ni a dejar de tomar azúcar a veces). Además mi dieta está basada en comida coreana, en el kimchi, el gochujang, el doengjang (miso coreano), y todo esto es sanísimo, así que eso que nos llevamos.

No vamos a dejar atrás la cocina coreana, ni todo lo que hemos aprendido hasta ahora, pero por ahora empecemos con recetas más sanas y súper fáciles de preparar…

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Couscous integral con espinacas y tomates deshidratados

Una de las mejores cosas de esta receta es que se prepara en poquito tiempo y es una cena perfecta para un día entre semana. Podéis cambiar el gochugaru por pimentón normal, aunque el toque ahumado del gochugaru bien vale la visita al supermercado asiático.

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  • 4 ó 5 tomates deshidratados
  • 1/2 taza de couscous integral
  • 1 chucharada de aceite de oliva
  • 1 cuarto de cebolla blanca, picada.
  • 4 puñados de espinacas frescas
  • 1/2 cucharada de gochugaru
  • zumo de media lima
  • sal y pimienta
  • anacardos (opcional)

Lo primero es poner agua a hervir. Ya sea en una olla o en un hervidor eléctrico. En dos bols pequeños ponemos, por un lado, los tomates deshidratados, y por otro el cous cous.

Una vez el agua haya hervido, cubrimos los tomates de agua hirviendo. En el otro bol vertimos media taza de agua hirviendo sobre el couscous y tapamos.

Mientras reposan tanto el couscous como los tomates deshidratados, rehogamos la cebolla en una sartén con el aceite ya caliente hasta que esté traslucida. Añadimos después las espinacas, salpimentamos y esperamos a que vayan pochándose. Cuando empiecen a perder firmeza añadimos el gochugaru (o pimentón) y mezclamos bien para que se mezclen los sabores.

Una vez pochadas las espinacas rociamos con el zumo de lima y mezclamos bien.

Volviendo al couscous, con un tenedor lo separamos para poder servirlo bien en un bol. Picamos los tomates.

Encima del couscous cubriendo la mitad del bol ponemos las espinacas y los tomates. En la mano machacamos un poco los anacardos y lo colocamos encima del couscous.

¡Y a disfrutar!

(Se puede servir con una rodaja de lima o dos por si se quiere usar un poco más del zumo).

¡un año y gracias!

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hogar, dulce (y txikitito) hogar

De repente, sin esperarlo, va a llegar el aniversario de mi llegada a Madrid. Esta mañana, cuando ha sonado el despertador para avisarme de que son las 8 y debería arreglarme para ir a trabajar, me he acordado de eso, de los días previos a mi llegada, de mi viaje a Estados Unidos, de ese último viaje largo con mi madre, de mis lágrimas al darme cuenta de repente, que no volvería a vivir con ella. Y he estado buscando entre mis libretas un texto que escribí en Rockport, Tx, cuando unas noches después me acordé de la situación y cojí mi pequeña moleskine de viaje para escribirlo.

“Estábamos sobrevolando el océano Atlántico, en un avión con destino a Houston. Yo acababa de terminar de ver una película coreana, y miré a mi izquierda. Mi madre estaba profundamente dormida, y no puedo remediarlo. Me puse a llorar. Apoye mi cabeza en su hombro y lloré en silencio. Estaba muy muy feliz. Veníamos a Texas, a visitar a mi amiga y mentora, Liz, quien había sido mi profesora cuando vivíamos en Corea del Sur y a quién hacía unos meses habían diagnosticado un Parkinson. Hacía más de 8 años desde la última vez que la vi, aunque mi madre ya la había visitado unos meses antes, en otro viaje.

>Estaba muy contento. Cinco días antes me habían confirmado que, por fin, iban a darme el traslado a una de las librerías de Madrid. Me mudaba, me iba de casa, un poco tarde, a los 31 años, 18 meses después de que a mí me diagnosticaran una miocardiopatía dilatada. Había estado asustadísmo, con miedo a tiene que pasarme el resto de mi vida viviendo con mis padres y teniendo que vivir el resto de mi vida como en una suerte de jubilación/baja permanente obligada, pero no era el caso. Por fin, iba a vivir mi vida. Me mudaba de mi pueblo, Getxo, a Madrid, la capital, a casi 400 km de mi familia.

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Rockport, Tx

>No había procesado ese lo que ese cambio significaba, hasta ese momento, justo después de una película coreana sobre una “halmoni” que por arte de magia se volvía joven de nuevo, y que acaba renunciando a su nueva juventud para ayudar a que su hijo salve a su familia. En ese momento, cuando apagué el monitor frente a mí, y miré a mi madre durmiendo a mi lado, casi en la cuenta: no volvería a ver a mi madre todos los días de mi vida nunca más. Estaba encantadísimo con la mudanza y con el cambio, incluso con el hecho de que no viviría con mis padres más y que escribiría mis propias reglas, pero lloré. Iba a echar de menos tanto a esa mujer.”

No escribí más. Pero recuerdo que disfrute muchísimo del viaje, de mi madre en ese viaje, y de mis amigos allí. También pensé en la vida que me esperaba aquí, en el hombre al que quería y que creía que sería el hombre de mi vida, en mi vida con él. En mi nuevo puesto de trabajo, en los amigos que vería más, en los que vería menos. Pensé en mi padre, al que ahora vería aún menos, en mi sobrino al que echaría de menos cada día, y en mi hermana. Pensé en Lord. Pero sobre todo pensé en lo que me vendría con el cambio, en lo que ganaría.

Es posible que el balance de este año no sea tan positivo como me hubiera gustado, pero me niego a pensar que todo es malo, y tengo muchas cosas, y tengo a muchas personas, que no tendría si no me hubiera mudado a Madrid. Me vine enamorado. Y aunque ese amor no ha durado, y aunque ni siquiera ha llegado a cumplir el año en la misma cuidad, ha sido ese amor el que me trajo aquí, el que me sacó de mi zona de confort, de las facilidades de vivir con todo hecho, y me dejó suelto, frente a una ciudad en la que siempre había querido vivir, en la que vivo, y en un pisito que llamo mío, con mis cosas, mis libros y mis tonterías.

No creo que hubiera hecho nada de manera distinta.  Estoy bien, en camino de la felicidad, intentando encontrar mi sitio, mi gente, y mi nueva familia, pero creo que he conseguido un buen comienzo. ¡He tardado un año y no es siempre fácil, pero vale tanto la pena! ¡Gracias V.! ¡ & gracias Madrid!

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Esta receta es una de las que aprendí a hacer en Rockport, Tx durante mi visita en Septiembre del año pasado. La receta es de mi amiga Liz y es muy simple y facílisima de hacer, la verdad. Sólo se necesita mezclar los cinco ingredientes y hornearlo durante algo más de diez minutos. Así que puedes tenerlas preparadas en un ratito y están riquísimas recién horneadas.

Me encanta recordar mi visita al rancho de mis amigos en Rockport, y precisamente, cuando preparo esta receta, me ayuda a evocar esos paseos por el rancho junto a los animales: el respeto que me dio tocar por primera vez la cabeza de un toro, y lo divertido que fue volver a montar a caballo después de años sin hacerlo.

Aquí ya no es difícil encontrar nueces pecanas, así que no hay excusas para probar a hacer la receta.

 

Mini-magdalenas de Nueces Pecanas

  • 180 g. azúcar moreno
  • 60 g. harina
  • 300 g. nueces pecanas, picadas
  • 155 g. mantequilla, temperatura ambiente
  • 2 huevos, batidos

Precalentar el horno a 180C/350F. Engrasar un molde para mini magdalenas, con un poco de mantequilla o con aceite vegetal en spray. Hay que engrasarlo bien para que no se peguen.

En un bol mediano mezclar con una cuchara la harina, el azúcar y las pecanas. En un bol separada mezclar la mantequilla y los huevos juntos. Después añadir los ingredientes secos.

Rellenar los moldes de mini-magdalenas (2/3 de cada molde) y hornear durante 12 ó 13 minutos.

Una vez horneados, pasar un cuchillo por los bordes antes de sacarlos.

(Esta receta se publicó previamente en Pair of Hoarders).

espinacas aliñadas (시금치 나물)

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Esta semana seguimos con los tacos coreanos y todos los banchan que los rodean. Comparada con las demás recetas coreanas a las que estoy acostumbrados, este simple plato de acompañamiento, suena un poco aburrido, e incluso soso o insípido.  Pero nada más lejos de la realidad. No sólo vienen bien de acompañamiento a comidas más fuertes, como el bulgogi, o el galbi, si no que además es un añadido suave y fresco a los tacos coreanos.

De pequeño odiaba las espinacas. Nunca he tenido muy claro si era el sabor, la pinta, o qué a nadie de mi edad le gustaban. El caso es que mi madre las hacía poco, por eso de que mi hermana y yo éramos muy efusivos en nuestro “odio” por cualquier tipo de receta que llevara espinacas. Y, como con el pepino, las cosas han cambiado. Me encantan en ensalada sin cocinar, o rehogadas con un refrito de ajo y cebolla, y unos garbanzos cocidos. Por no decir que ya son un añadido obligado en muchos de mis batidos de frutas y verduras matutinos.

Esta receta no es esencial en una mesa/barra de tacos coreanos, pero sin ella pierden mucha gracia. Y se tarda poquísimo en prepararla.

Espinacas aliñadas (시금치 나물) 

(Adaptado de Quick & easy Korean cooking, de Cecilia Hae-Jin Lee).

300 g de espinacas baby frescas

1 cucharada de aceite de sésamo

1 cucharadita de salsa de soja

2 cucharaditas de vinagre de arroz

2 dientes de ajo, picados

1/2 cebolla roja, picada

1 cucharadita de semillas de sésamo

1 pizca de sal

 

En una olla grande, hervimos un poco de agua: la cantidad suficiente para cubrir unos 50 mm de alto. Una vez hirviendo, añadimos las espinacas, ponemos una tapa y las cocemos al vapor durante unos dos minutos. Inmediatamente transferimos las espinacas a un colador y la pasamos por agua fría.

Estrujamos con las manos para quitar todo el agua posible y hacemos una bola con las espinacas. Cortamos la bola en cuartos.

En un bol mediano, combinamos todos los demás ingredientes, añadimos las espinacas y lo mezclamos todo con las manos, hasta que las espinacas estén cubiertas de la mezcla de los demás ingredientes.

Lo dejamos reposar al menos 10 minutos para que los sabores calen bien.

Este banchan se puede servir a temperatura ambiente o frío. Lo servimos en un bol pequeño, y rociamos unas semillas de sésamo por encima.