la radio, los noventa y una crema de aguacate

Llevo dos domingos colaborando en Radio Vitoria, en el programa Plaza Nueva Fin de Semana, hablando de la cultura popular de los 90.  La semana pasada hablamos de música, centrándonos en el grunge, el pop-punk y las cantautoras (1, 2 y 3) que tan de moda estuvieron en esa década, y ayer, hablamos de series de televisión, especialmente “Ally McBeal“, “Dawson Crece” y “Friends“.

Admitiré que el primer día estaba más nervioso, pero me quedó mejor, puede ser debido a que ayer estaba algo resacoso debido a las fiestas de Bilbao, y a que andaba medio enfermo, y en un momento me lie yo solo (hablando de Courtney Thorne Smith) y en otro solté alguna perla que sólo me hizo gracia a mí (“¿qué sería de nosotros sin Calista Flockhart?”.. obviamente sólo yo la creo necesaria en la televisión actual).  Así que os recomiendo que escuchéis ambos, el primero como demostración de lo bien que puedo llegar a hablar diciendo tonterías y el segundo en demostración de lo mala que es la resaca después de una noche de la Aste Nagusia bilbaína.

Yo soy muy fan de los años noventa, de ahí que para una vez que me ofrecen una colaboración en radio me da por recordar esa época… Y todavía faltan dos programas más: cine y literatura.  Desde “Reality Bites” hasta “Se lo que hicistéis el último verano” pasando por muchas otras… Y, en cuanto a literatura, hablaremos de la generación X, de Douglas Coupland, y de la respuesta española en Mañas con sus “Historias del Kronen“, Ray Loriga o Lucía Etxebarria y ese “Amor, Curiosidad, Prozac y Dudas“.

Y en los noventa fue, precisamente, cuando se me presentó el ingrediente estrella de la receta de hoy… y es que en una de las visitas a ver a mi padre a Houston (Houston, tenemos un problema), en esa época, es cuando probé por primera vez el guacamole, y desde entonces el aguacate es una fruta muy común en mi casa, tanto para ensaladas, como para la crema que hoy os traigo.

Más que una receta, lo que aquí presento es una base de crema, porque al final a esta crema le puedes añadir o quitar cositas, siempre que la base (aguacate y yogur) sea la misma: 2 aguacates, un yogur natural y 2 vasos de agua.  A partir de ahí puedes añadir o quitar lo que quieras.

Crema de Aguacate y Yogur

Necesitarás:
2 aguacates maduros
1 yogur natural sin azucarar
El zumo de 1 naranja
El zumo de 1 lima y media
Sal y pimienta

Método:
Parte por la mitad los aguacates y quitales la pepita.  Con ayuda de una cuchara saca la carne del aguacate de la piel.  En un bol mezclamos el aguacate y el yogur con la ayuda de una batidora.  Después añadimos 2 vasos de agua, el zumo de naranja y el zumo de lima (esto es un poco al gusto de cada uno, pero recomiendo usar una naranja de la mejor calidad, para que el sabor de la lima no tape todo el sabor a la naranja).  Batimos bien, y añadimos sal y pimienta al gusto.  Volvemos a mezclar bien.

Servir frío con un poco de rayadura de la naranja y del limón.  Es una crema de sabor suave y que entra muy bien.  Si se quiere se puede quitar el agua y con un poco de azucar convertirla en un smoothie buenísimo.

les yeux au ciel

Esta mañana, de camino al trabajo, el metro venía lleno de adolescentes franceses. Guapísimos y guapísimas. Y todos muy estilosos. Y eso que iban muy normales, casi todos en vaqueros y camiseta… como mucho alguna sudadera. Alguno de ellos llevaba camisa. Ellas con shorts, sin ser mini-shorts, con camisolas y sonrisas. Cómo me gustaría que los adolescentes españoles vistieran como ellos, un poco más á la Française.

Venía yo en el metro, anotando un par de grupos musicales de los 90s en mi moleskine, preparandome el segmento sobre música noventera de este domingo en Radio Vitoria (a las 11.15, más o menos, por si os apetece escucharme)… y uno de ellos, ojos claros y melenita castaña, me estaba mirando, sonriente. Me he dejado enamorar (unos 15 segundos) hasta que he recordado que no pasaría de los 17 años y me he sentido un poco asaltacunas. Le he devuelto la sonrisa y he vuelto a mi moleskine.

Las chicas eran preciosas y ninguna iba maquillada. Por lo menos no exageradas, tal vez un poco de lip-gloss alguna, pero nada más. Adolescentes sin maquillaje… ¡no me digáis que no os sorprende!

Todos sonreían, posaban para las fotos y escuchaban música en sus iPods, cada uno con un casco, mientras comentaban algo. Dos chicas cantaban una canción, mientras un chico (el más bajito de todos) se sentaba encima de ellas y medio coreaba la canción que escuchaban. Me he enamorado por lo menos cinco veces en el trayecto de metro, de ellos y de ellas. De sus sonrisas.

Mirándoles me he dado cuenta de que daría un brazo por volver a ser adolescente, aunque fuera sólo un rato, volver a recordar esas excursiones, lo divertido que era ir en el autobús (en mi caso) cantando canciones de Alanis Morissette con Itxaso. Siempre que escucho “That I Would Be Good” me acordaré del viaje de estudios a Italia y de ella. Claro que nosotros usabamos los cascos del discman y no del iPod. Ya no recuerdo los momentos malos, sólo las risas y lo divertido que era tener 17 años.

Este fin de semana quiero cocinar algo francés.  Tal vez una sopa de cebolla, o una gateau francesa… Así podré degustarla mientras veo “Les Chansons D’Amour“, seguidita de “La Belle Personne“.

Esta semana está siendo una locura, ganas de terminar de tener que hacer turnos de 11 horas y poder cocinar y escribir más.

Nos leemos pronto. Lo prometo. Mientras tanto, escuchad esta canción que da título a la entrada.

mantequilla, recuerdos de infancia y sablés de lima

No puedo creerme que han pasado cuatro días desde la primera entrada. Primero agradecer los 19 comentarios de bienvenida que me han llegado en la primera entrada del blog.  Gracias a tod@s, de verdad.  Estos días han sido una locura, entre el trabajo, la sesión de dj del viernes por la noche y el cumpleaños del sábado, no he tenido tiempo de sentarme tranquilamente a escribir.  Pero, por fin, estoy aquí, así que hablemos de uno de mis ingredientes favoritos: la mantequilla.

Creo que fue Amy Adams la que, interpretando a Julie Powell en “Julie & Julia“, dijo eso de ‘you can never have too much butter‘.  Y, las cosas como son, no puedo ser más fan de semejante afirmación.  La mantequilla es para mí lo que la cocaína es para otros. Creo que todos los dulces deberían tener por lo menos un poco de mantequilla entre sus ingredientes. De hecho, reconozco añadir mantequilla a recetas que no la piden, pero, para eso sirve ser una persona creativa, ¿que no?

Realmente, nunca se me ocurrió usar la mantequilla para cocinar, ya que, siendo español, uno usa aceite de oliva para freír, saltear, etc., hasta que me puse a leer Cleaving de Julie Powell  (sí, damas y caballeros, Powell otra vez) y ya al comienzo del libro (para ser exactos en la página 3) comparte la receta de su “Hígado para dos del dia de San Valentin“(en el link la receta-en inglés-).  Sé que más de uno de mis (tres o cuatro) lectores se horrorizara al ver la palabra “hígado” pero en serio, resistid. Admito que soy comedor de hígado (de hecho es uno de mis platos favoritos), pero esa es otra historia que ya contare otro día, así que quedémonos con que uée mantequilla con un poco de aceite para freirlo, tal y como dice la Powell en su receta y casi muero del gusto. Así que, gracias Julie. Desde entonces he utilizado más mantequilla en recetas saladas.

Uno de mis recuerdos favoritos de infancia es una de las meriendas que preparaba mi madre, no tan a menudo como nos hubiera gustado a mi hermana y a mi, todo sea dicho.  Esto es, un bocata de mantequilla de los de toda la vida, vamos.  Abría el pan por la mitad, en una parte ponia una buena capa de mantequilla sin sal, despues le ponia encima un buen trozo de chocolate y en la otra mitad otro poco más de mantequilla.. Esta fue durante años mi merienda favorita y mi “receta” de mantequilla favorita, hasta que, un día, en un momento de inspiración, probamos un experimento…

Ahora déjame que me emocione explicándote dicho experimento, querido lector.  En mi casa, cuando era pequeño, yo tenia la misma obsesión por el dulce que ahora y en cuanto mis padres no estaban en casa, arramplaba con toda galleta, magdalena, etc. que hubiera por la casa.  Y he de admitir que ahora también suelo hacerlo (mea culpa y esas cosas).  Así que había días en que en casa no quedaba nada dulce y entonces nosotros nos preparabamos nuestra tostada mantequillosa en el microondas. Me gustaría poder atribuirme el mérito de haber descubierto semejante placer culinario en mi familia, pero he de admitir que, en realidad, quien lo descubrió fue mi hermana, muchísimo más inteligente que yo.  Básicamente la receta dice así: coges una rebanada de pan de molde (con el de supermercado funciona genial, pero si ya es pan de molde de la panadería es casi “perfección”), untas la rebanada con una buena capa de mantequilla y esto, lo espolvoreamos con azúcar.  Y os podeis imaginar, queridos amigos, que siendo niños, cuando digo espolvorear, más bien quiero decir dar la vuelta al azucarero.  Esto se ponía en un plato y se metía al microondas durante medio minuto y lo comíamos como los pequeños ávaros hambrientos que eramos.  Vale, admito que no es cocinar, y que tampoco puede ser excesivamente sano, pero, es lo más cercano a cocinar que mi hermana y yo llegamos hacer durante mucho tiempo.

Y, aunque hace tiempo que no como una de estas tostadas (ahora ya me puedo hacer algo un poco más elaborado) cuando recuerdo nuestra tostada al microondas siempre me da la risa floja.

Así que, cuando Carmen, una amiga mía que acaba de abrir una zapatería en Bilbao, me pidió que hiciera algo (y por “algo” entiéndase 200 galletas) para ofrecer a sus clientas el día de su cumple, volví a la mantequilla por ideas.  Recordé una nueva receta que habia hecho un par de semanas antes y que había encontrado en  Joy The Baker y me decanté por repetirla, añadiendo más lima y haciendo las galletas más pequeñas (tamaño bocado, porque nadie quiere una zapatería llena de migas de galletas).

Sablés de Lima (receta de Joy The Baker, adaptada levemente)

Necesitarás:
1 taza de mantequilla (225 g.)
1/2 taza de azúcar (225 g.)
1/4 taza de azúcar glacé (30 g.)
1/2 cucharadita -teaspoon- de sal marina (Yo uso Maldon)
2 yemas de huevo grandes (a temperatura ambiente)
2 tazas de harina (220 g.)
la rayadura de 1 limón y la rayadura de 1 lima y media.

ademas de:
2 yemas de huevo y azúcar moreno refinado (para decorar).

Método:
La receta de Joy recomienda el uso de un mixer. Yo lo hice a mano ya que no tengo uno. Use mi espátula y, en momentos, las manos muy muy muy limpias.

En un bol mediano hacemos crema la mantequilla. Después en otro bol mezclamos el azúcar y la rayadura del limón y la lima, usando la yema de nuestros dedos para frotar el azúcar con la rayadura. Se añnadenlos dos azúcar y la sal a la crema de mantequilla. Mezclamos bien y añadimos las yemas de los huevos, uno a uno, combinando bien el primero antes de añadir el segundo. Cuando todo esté bien combinado añadimos la harina y combinamos. Primero usaremos la espátula, pero cuando empiece a tener textura de plastilina usamos las manos para darle forma.

Finalmente, hacemos una bola con la masa y la dividimos en cuatro bolas.  Cada bola la convertiremos en una salchicha de masa y lo dejamos enfríar en la nevera por lo menos durante dos horas (yo lo dejé una hora más, porque es más fácil para cortarlo cuanto mas fría este).

Cuando estamos preparados para hornear, primero precalentamos el horno a 180C y preparamos una bandeja con el papel de horneado.

Con un pincel pintamos la salchicha de masa con la yema de huevo y espolvoreamos con el azúcar moreno.  Lo cortaremos en galletas de una anchura de 1/3 de pulgada (8.5 mm).  Más o menos, que yo no usé una regla para cortar la masa, pero hay que intentar que tengan todasla misma anchura para que no se hagan unas mas que otras.

Horneamos durante 15-20 minutos, o hasta que el contorno de la galleta este morenito pero el centro siga blanco.  Sacamos y dejamos las galletas en la bandeja durante dos minutos mas, antes de quitarlas del papel con mucho cuidado de no romperlas, porque pueden estar todavía blandas en el centro.  Dejarlas enfríar completamente antes de comer.

Cada salchicha (o tronco, como los llama Joy) hace entre 16 y 18 galletas).

Estas galletas son perfectas para tomar con té.  Y NO os olvidéis de la sal (a mi se me olvido la primera vez y no hay color. Mucho mejor con sal).

 

a modo de presentación

Por fin.

Llegó la hora de presentarse. Me preparo frente al portátil con mi bol de sorbete de limón y The Temper Trap cantando eso de Love Lost en el antiguo reloj/despertador/reproductor de cds (sería mucho más vintage si fuera un reproductor de vinilos, pero intentemos no volvernos locos).
El proyecto del blog sobre comida llevaba meses rondándome.  A veces desaparecía por un tiempo, escondido tras problemas y temas que necesitaban mi más inmediata atención, pero en cuanto había un hueco, saltaba de nuevo y me recordaba que ahí estaba, esperando pacientemente el momento idóneo para que yo, comedor incansable, repostero en mis ratos libres y aprendiz de cocinero, me decantara por elegir el camino de escribir sobre comida, cocina y todo lo que va de la mano con ello.
Hace unos meses escribí una lista de las cosas que quiero hacer con mi vida y la lista era corta, simple, y con tan sólo tres palabras escritas en ella (cocinar, viajar, escribir). El papel en el que escribí la lista tiene un puesto honorífico en el panel magnético de mi pupitre, junto a una portada con Gabourey Sidibe, un par de fotos de amigos y el anuncio de Got Milk? con Lobezno, recordándome qué es lo que realmente me hace feliz. Y con esa intención ha comenzado esta nueva aventura: para cocinar, viajar y escribir.  Cocinar y escribir muy a menudo. Viajar siempre que el bolsillo y las vacaciones en el trabajo lo permitan.
Por ahora nos conformaremos con hablar de galletas brownies, o sablés de limón y lima. O de una sopa de pollo asado genial para este verano tan otoñal que nos esta tocando vivir aqui por el Norte. O tal vez de tomates asados al horno con un poco de parmesano por encima… Hay tanto de lo que hablar, cuando hablamos de comida.

Sobre todo hablaremos de las historias detrás de la comida, pues la comida nunca es sólo comida, sino que es todo lo que trae consigo a la mesa, ya sea una historia que nos conto la abuela minetras preparaba el plato en cuestión, un viaje que hicimos hace un tiempo, o una obra de ficción que nos inspiró a probar algo nuevo en la cocina. La comida trae consigo historias, siempre. Y de esta noción es de donde viene el lema del blog: “Toda historia tiene una receta, y toda receta tiene una historia”.

 

Releo lo escrito y pienso que no me ha quedado del todo mal la introducción. De verdad espero que quieras quedarte por aquí, y así poder conocernos mejor.

Pero permíteme que antes de marcharme, le de las gracias a Ana del blog Biscayenne, por diseñar este blog (en sus dos versiones, por supuesto) con tantísimo gusto.

Y cual nota a pie de página, comentar que la tipografía usada en el header está basada en la letra manuscrita de Jane Austen.  Y es que, uno se considera un tanto janeite, así que podéis imaginaros que hablaré de Austen a menudo.