¡un año y gracias!

De repente, sin esperarlo, va a llegar el aniversario de mi llegada a Madrid. Esta mañana, cuando ha sonado el despertador para avisarme de que son las 8 y debería arreglarme para ir a trabajar, me he acordado de eso, de los días previos a mi llegada, de mi viaje a Estados Unidos, de ese último viaje largo con mi madre, de mis lágrimas al darme cuenta de repente, que no volvería a vivir con ella. Y he estado buscando entre mis libretas un texto que escribí en Rockport, Tx, cuando unas noches después me acordé de la situación y cojí mi pequeña moleskine de viaje para escribirlo.

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“Estábamos sobrevolando el océano Atlántico, en un avión con destino a Houston. Yo acababa de terminar de ver una película coreana, y miré a mi izquierda. Mi madre estaba profundamente dormida, y no puedo remediarlo. Me puse a llorar. Apoye mi cabeza en su hombro y lloré en silencio. Estaba muy muy feliz. Veníamos a Texas, a visitar a mi amiga y mentora, Liz, quien había sido mi profesora cuando vivíamos en Corea del Sur y a quién hacía unos meses habían diagnosticado un Parkinson. Hacía más de 8 años desde la última vez que la vi, aunque mi madre ya la había visitado unos meses antes, en otro viaje.

>Estaba muy contento. Cinco días antes me habían confirmado que, por fin, iban a darme el traslado a una de las librerías de Madrid. Me mudaba, me iba de casa, un poco tarde, a los 31 años, 18 meses después de que a mí me diagnosticaran una miocardiopatía dilatada. Había estado asustadísmo, con miedo a tiene que pasarme el resto de mi vida viviendo con mis padres y teniendo que vivir el resto de mi vida como en una suerte de jubilación/baja permanente obligada, pero no era el caso. Por fin, iba a vivir mi vida. Me mudaba de mi pueblo, Getxo, a Madrid, la capital, a casi 400 km de mi familia.

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Rockport, Tx

>No había procesado ese lo que ese cambio significaba, hasta ese momento, justo después de una película coreana sobre una “halmoni” que por arte de magia se volvía joven de nuevo, y que acaba renunciando a su nueva juventud para ayudar a que su hijo salve a su familia. En ese momento, cuando apagué el monitor frente a mí, y miré a mi madre durmiendo a mi lado, casi en la cuenta: no volvería a ver a mi madre todos los días de mi vida nunca más. Estaba encantadísimo con la mudanza y con el cambio, incluso con el hecho de que no viviría con mis padres más y que escribiría mis propias reglas, pero lloré. Iba a echar de menos tanto a esa mujer.”

No escribí más. Pero recuerdo que disfrute muchísimo del viaje, de mi madre en ese viaje, y de mis amigos allí. También pensé en la vida que me esperaba aquí, en el hombre al que quería y que creía que sería el hombre de mi vida, en mi vida con él. En mi nuevo puesto de trabajo, en los amigos que vería más, en los que vería menos. Pensé en mi padre, al que ahora vería aún menos, en mi sobrino al que echaría de menos cada día, y en mi hermana. Pensé en Lord. Pero sobre todo pensé en lo que me vendría con el cambio, en lo que ganaría.

Es posible que el balance de este año no sea tan positivo como me hubiera gustado, pero me niego a pensar que todo es malo, y tengo muchas cosas, y tengo a muchas personas, que no tendría si no me hubiera mudado a Madrid. Me vine enamorado. Y aunque ese amor no ha durado, y aunque ni siquiera ha llegado a cumplir el año en la misma cuidad, ha sido ese amor el que me trajo aquí, el que me sacó de mi zona de confort, de las facilidades de vivir con todo hecho, y me dejó suelto, frente a una ciudad en la que siempre había querido vivir, en la que vivo, y en un pisito que llamo mío, con mis cosas, mis libros y mis tonterías.

No creo que hubiera hecho nada de manera distinta.  Estoy bien, en camino de la felicidad, intentando encontrar mi sitio, mi gente, y mi nueva familia, pero creo que he conseguido un buen comienzo. ¡He tardado un año y no es siempre fácil, pero vale tanto la pena! ¡Gracias V.! ¡ & gracias Madrid!

pecan pie mini muffins

Esta receta es una de las que aprendí a hacer en Rockport, Tx durante mi visita en Septiembre del año pasado. La receta es de mi amiga Liz y es muy simple y facílisima de hacer, la verdad. Sólo se necesita mezclar los cinco ingredientes y hornearlo durante algo más de diez minutos. Así que puedes tenerlas preparadas en un ratito y están riquísimas recién horneadas.

Me encanta recordar mi visita al rancho de mis amigos en Rockport, y precisamente, cuando preparo esta receta, me ayuda a evocar esos paseos por el rancho junto a los animales: el respeto que me dio tocar por primera vez la cabeza de un toro, y lo divertido que fue volver a montar a caballo después de años sin hacerlo.

Aquí ya no es difícil encontrar nueces pecanas, así que no hay excusas para probar a hacer la receta.

 

Mini-magdalenas de Nueces Pecanas

  • 180 g. azúcar moreno
  • 60 g. harina
  • 300 g. nueces pecanas, picadas
  • 155 g. mantequilla, temperatura ambiente
  • 2 huevos, batidos

Precalentar el horno a 180C/350F. Engrasar un molde para mini magdalenas, con un poco de mantequilla o con aceite vegetal en spray. Hay que engrasarlo bien para que no se peguen.

En un bol mediano mezclar con una cuchara la harina, el azúcar y las pecanas. En un bol separada mezclar la mantequilla y los huevos juntos. Después añadir los ingredientes secos.

Rellenar los moldes de mini-magdalenas (2/3 de cada molde) y hornear durante 12 ó 13 minutos.

Una vez horneados, pasar un cuchillo por los bordes antes de sacarlos.

(Esta receta se publicó previamente en Pair of Hoarders).

espinacas aliñadas (시금치 나물)

 

Esta semana seguimos con los tacos coreanos y todos los banchan que los rodean. Comparada con las demás recetas coreanas a las que estoy acostumbrados, este simple plato de acompañamiento, suena un poco aburrido, e incluso soso o insípido.  Pero nada más lejos de la realidad. No sólo vienen bien de acompañamiento a comidas más fuertes, como el bulgogi, o el galbi, si no que además es un añadido suave y fresco a los tacos coreanos.

De pequeño odiaba las espinacas. Nunca he tenido muy claro si era el sabor, la pinta, o qué a nadie de mi edad le gustaban. El caso es que mi madre las hacía poco, por eso de que mi hermana y yo éramos muy efusivos en nuestro “odio” por cualquier tipo de receta que llevara espinacas. Y, como con el pepino, las cosas han cambiado. Me encantan en ensalada sin cocinar, o rehogadas con un refrito de ajo y cebolla, y unos garbanzos cocidos. Por no decir que ya son un añadido obligado en muchos de mis batidos de frutas y verduras matutinos.

Esta receta no es esencial en una mesa/barra de tacos coreanos, pero sin ella pierden mucha gracia. Y se tarda poquísimo en prepararla.

Espinacas aliñadas (시금치 나물) 

(Adaptado de Quick & easy Korean cooking, de Cecilia Hae-Jin Lee).

300 g de espinacas baby frescas

1 cucharada de aceite de sésamo

1 cucharadita de salsa de soja

2 cucharaditas de vinagre de arroz

2 dientes de ajo, picados

1/2 cebolla roja, picada

1 cucharadita de semillas de sésamo

1 pizca de sal

 

En una olla grande, hervimos un poco de agua: la cantidad suficiente para cubrir unos 50 mm de alto. Una vez hirviendo, añadimos las espinacas, ponemos una tapa y las cocemos al vapor durante unos dos minutos. Inmediatamente transferimos las espinacas a un colador y la pasamos por agua fría.

Estrujamos con las manos para quitar todo el agua posible y hacemos una bola con las espinacas. Cortamos la bola en cuartos.

En un bol mediano, combinamos todos los demás ingredientes, añadimos las espinacas y lo mezclamos todo con las manos, hasta que las espinacas estén cubiertas de la mezcla de los demás ingredientes.

Lo dejamos reposar al menos 10 minutos para que los sabores calen bien.

Este banchan se puede servir a temperatura ambiente o frío. Lo servimos en un bol pequeño, y rociamos unas semillas de sésamo por encima.

 

kimchi de pepino (오이 김치)

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Que hay muchos tipos de kimchi (김치) ya os lo he contado más veces y que estoy así como obsesionado con ellos, también lo sabéis fijo. La semana pasada estuvieron unos amigos de Barcelona en casa a comer y preparé unos tacos coreanos, con pollo picante a la parrilla y con varios banchan (반찬) diferentes para poner tanto en los tacos como para comer solos.

Entre esos banchan estaba una de las recetas de kimchi que más me gusta hacer: el de pepino. Y os lo dice alguien que hasta hace poco hacía que su madre pusiera el pepino aparte en las ensaladas, para que no dejará sabor en la ración de ensalada que iba a comer. Ay ama, como cambian las cosas. Ahora acompaño casi cada comida con un pequeño platito de kimchi de pepino y otro de kimchi de col china

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Lo bueno de esta receta, así como todas las de banchan y kimchi, es que puedes hacer cantidades grandes, llenar el frigorífico de tuppers y botes de cristal, y siempre tener algo para comer/acompañar una comida. Sorprendentemente (o tal vez no tanto, conociéndome), esta receta está basada principalmente en una del It’s All Good, de Gwyneth Paltrow con Julia Turshen, aunque he cambiado cantidades y en vez de usar miso blanco, utilizo doenjang (된장), que es la versión coreana del miso japonés. Esta es menos refinada, y tiene un sabor más fuerte.

Por cierto, este es uno de los banchan principales para la mesa de tacos coreanos. A lo largo de estas semanas, iremos preparando los demás añadidos a los tacos.

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Kimchi de pepino (오이 김치)

Normalmente el kimchi lleva un proceso algo largo de preparación. Lo bueno de esta receta es que es rápida y muy fácil de apañar. Este kimchi se puede comer el mismo día, aunque yo recomiendo hacerlo con 3 ó 4 días de antelación. Aguanta unas dos o tres semanas en el frigorífico, si es que no te lo has comido antes.

pepinos españoles, cortados en medios discos
1 cucharada de sal
3 cucharadas de doengjang (o pasta miso)
2 dientes de ajo, picados
4 ó 5 cucharadas de gochugaru (dependiendo de lo picante que lo quieras)
1 cucharada de semillas de sésamo
1 cucharada de miel

En un bol mezclamos bien el pepino con la sal y lo dejamos reposar durante unos 10 ó 15 minutos. De mientras, mezclamos bien el resto de ingredientes hasta que formamos una pasta con todo ello. Mezclamos bien el pepino con la pasta, usando las manos (normalmente, se usan guantes, como con el kimchi normal) y luego lo metemos todo en un bote de cristal hermético o un tupper, también hermético. Lo metemos en la nevera para que repose, por lo menos 6 horas. Antes de servir, yo espolvoreo por encima algunas semillas de sésamo, a modo de decoración.

bulgogi (o carne al fuego)

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El bulgogi es uno de mis platos coreanos favoritos. Es de las pocas recetas de carne de ternera que preparo en casa, y es también una de las recetas que más aceptación tiene en los talleres de cocina coreana que imparto.

No recuerdo la primera vez que lo probé, pero estoy seguro que fue en nuestro primer viaje a Geoje, cuando yo tenía 11 años. Que yo recuerde, sigue siendo uno de los platos preferidos de mi padre, y ya entonces le encantaba ir a los restaurantes de barbacoa coreana. En los restaurantes de bulgogi en Corea, en la misma mesa hay una parrilla donde pones la carne macerada y las verduras a prepararse, mientras comes kimchi, arroz,  y las decenas de platos de acompañamiento que hay en la mesa.

Este plato debería ser único.  En una hoja de lechuga preparas un wrap con la carne, el arroz, kimchi y los bachan (platos de acompañamiento) que más te gusten y… ¡a disfrutar!

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 BULGOGI (불고기) [Carne al fuego]

(para 3-4 personas)

Esta receta es muy básica, perfecta para preparar en casa, sin necesitar de ingredientes extraños (a parte del gochugaru, que bien puede cambiarse por algo de pimentón picante). Esta receta es para 3 ó 4 personas, pero depende mucho del apetito de cada uno.

(Cuando la preparo en casa en vez de usar azúcar blanco, uso 4 ó 5 cucharadas de mermelada de naranja sin azúcar. Le da un toque muy cítrico que me encanta, y quita azúcar de la receta).

3 dientes de ajo, picados
8 cucharadas salsa soja
3 cucharadas aceite de sesamo
2 cucharadas mermelada de naranja
2 cucharadas azúcar blanco
2 cucharaditas gochugaru

500 g. carne de ternera, en tiras
1 cebolla, juliana
2 pimientos verdes, en tiras

1 taza de arroz integral
1 3/4 taza de agua
sal y pimienta

En un bol mediano mezclamos bien con unas varillas todos los ingredientes de la salsa para macerar la carne.

Colocamos la carne, la cebolla y el pimiento verde en un bol grande y rociamos con toda la salsa. Lo mezclamos todo bien, para que todo esté bien cubierto de la salsa. Lo dejamos macerar por lo menos media hora.

Mientras maceramos la carne preparamos el arroz:  a fuego alto, ponemos el arroz y el agua con una buena pizca de sal en una olla, hasta que el agua hierva. Una vez el agua haya hervido, bajamos el fuego a medio/alto y lo cocinamos tapado hasta que todo el agua haya sido absorbida (entre 30 y 45 minutos). Apartamos del fuego y para que se termine de absorber la humedad, ponemos algo de papel de cocina entre la cacerola y la tapa, y lo dejamos reposar.

En una plancha, o sartén caliente, y sin aceite, cocinamos la carne con la verdura. ¡No te olvides de pasar la salsa por la plancha! No vale la pena dejarla en el bol.

Servirlo con el arroz, y con kimchi y hojas de lechuga para hacer wraps.