miocardiopatia dilatada

Llevaba la muerte enredada entre los dedos
pero no lo sabía.
Mi corazón, grande gigante hinchado,
latía sin tener muy claro cómo ni por qué.

Me ingresaron en una suerte de habitación de hotel acristalada
dónde dos señoras (una con bigote) insertaron un tubo en mi uretra,
no sin antes golpear mi pene con un dedo,
pues este, atemorizado, se había retrotraído
al tamaño de un huidizo meñique.
De camino a la UCI un doctor, mayor,
con la barba cana y la edad de mi padre,
intentó reconfortarme, con su mano en mi hombro.
Nunca fui valiente, nunca supe enfrentarme. Lloré.
No quiero morir, pensé. Puede que lo dijera, que lo vocalizara.
La mano del doctor, el que se parecía a mi padre,
apretó mi hombro justo en ese momento.

Salí. Dos semanas después.
Asistido con decenas de pequeñas pastillas,
que parecían juanolas de colores.
Cuatro por la mañana, tres al mediodía y dos a la noche.
Siempre con agua, nunca con zumo, o coca-cola, o café.
29 años y medio. Eso ponía en el parte médico.
Exactamente eso.
Ni 29, ni 30. 29 años y medio.

No se me escapó la ironía. A alguien tan enamoradizo,
tan enamorado del amor en sí,
tan a favor de todo lo romántico
como yo,
le enfermaba precisamente el corazón.
Y por muchas pastillas,
Por muchos tratamientos,
Mi corazón, ahora dilatado, no volverá a su estado primero.

Ahora sonrío.
Mi corazón no ha sanado
pero su malestar está dominado.

poema para brais

Me deleito en la brevedad de tu nombre en mi garganta,
en ese segundo que tardo en pronunciarlo
mientras acaricio tu espalda desnuda y me abrazo a ti.
Desde que vives conmigo, esta casa que antes
se me hacía inabarcable por su tamaño diminuto
está ahora llena de vida, llena de espacio para nosotros,
a pesar de todos los libros y todos los bluray acumulados.
Saboreo cada caricia que me regalas
y cada palabra que me dices, pues son pocas;
más acostumbrado como estás a dedicarme miradas.
Me gusta quedarme mirándote fijamente mientras duermes
cuando vuelvo a la cama de beber agua,
me gusta apuntarte con la linterna del móvil y mirar tan solo
tu cuerpo, esa espalda desnuda que exige mi abrazo.
Ese “te quiero” susurrado, con el que me agradeces el abrazo
se me clava dentro, mientras beso tu cuello
y anido mi cabeza, mi sueño y lo que queda de mi corazón
en ese hueco entre tu hombro y tu cuello.
Me dejo caer entre capas de sueño, abrazando,
hasta la mañana siguiente.

estrofado de ternera: un potaje de versos

 

Este miércoles día 2 de noviembre me estreno recitando mis poemas junto a gente maravillosa en la librería Nakama en Chueca.

Admito desde ahora que tengo un poco de miedito, con eso de que no lo he hecho nunca, puede salirme un churro. Tampoco ayuda que tan sólo 3 personas han leído mis poemas, ni el hecho de que aun no he decidido cuáles recitar pasado mañana. Pero a la vez, me pueden las ganas, por primera vez en mi vida me estoy enfrentando a ese miedo, dejando que desconocidos (y amigos, porque seguramente sean los únicos que vengan) escuchen mis textos.

14633097_10211572639458214_333019440196090565_n

Espero veros en la Librería Nakama (Pelayo, 22 – Chueca), este miércoles día 2 de noviembre a las 21h.

Además de poder escuchar y ver como me desvirgan (poéticamente hablando), podréis disfrutar de María Part, Lluis Mosquera y Enrique Cervantes. Incluso, si os atrevéis, podéis leernos/recitarnos alguno de vuestros poemas, ya que haremos una suerte de open mic, sin micrófono, eso sí.

¡Os esperamos!

 

couscous con espinacas y tomates deshidratados

 

Ey… me has pillado sigo vivo. Pero es que la vida en la “gran ciudad” me ha tenido tan absorbido que de repente ha pasado un año desde la última vez que os escribí por aquí.

Entre mis nuevos propósitos para el curso 16/17 (yo siempre he sido más de hacerlos cuando llega septiembre que antes del año nuevo) está eso de escribir más, y para escribir más, cocinar más y mejor, más sano.

Desde que me vine a Madrid descuidé mucho mi salud en cuanto a alimentación, pero ahora que he empezado a ir al gimnasio y a entrenar con Francesc y a probar nuevos ingredientes y recetas más saludables, no puedo dejar de no compartirlo con vosotros. Y es que un viaje con amigos, con conocidos, es siempre más entretenido y llevadero.

IMG_4861

Lo bueno de este viaje es que yo lo empecé hace tiempo (aunque lo dejé apartado, y volví a comer fatal, como antes de ponerme enfermo), pero las cosas han cambiado, de repente, estoy cansado de ponerme excusas a mí mismo en cuánto a comer bien.  (Y no, no voy a dejar de comer/hacer tartas de vez en cuando; ni a dejar de tomar azúcar a veces). Además mi dieta está basada en comida coreana, en el kimchi, el gochujang, el doengjang (miso coreano), y todo esto es sanísimo, así que eso que nos llevamos.

No vamos a dejar atrás la cocina coreana, ni todo lo que hemos aprendido hasta ahora, pero por ahora empecemos con recetas más sanas y súper fáciles de preparar…

IMG_4866

Couscous integral con espinacas y tomates deshidratados

Una de las mejores cosas de esta receta es que se prepara en poquito tiempo y es una cena perfecta para un día entre semana. Podéis cambiar el gochugaru por pimentón normal, aunque el toque ahumado del gochugaru bien vale la visita al supermercado asiático.

para 1

  • 4 ó 5 tomates deshidratados
  • 1/2 taza de couscous integral
  • 1 chucharada de aceite de oliva
  • 1 cuarto de cebolla blanca, picada.
  • 4 puñados de espinacas frescas
  • 1/2 cucharada de gochugaru
  • zumo de media lima
  • sal y pimienta
  • anacardos (opcional)

Lo primero es poner agua a hervir. Ya sea en una olla o en un hervidor eléctrico. En dos bols pequeños ponemos, por un lado, los tomates deshidratados, y por otro el cous cous.

Una vez el agua haya hervido, cubrimos los tomates de agua hirviendo. En el otro bol vertimos media taza de agua hirviendo sobre el couscous y tapamos.

Mientras reposan tanto el couscous como los tomates deshidratados, rehogamos la cebolla en una sartén con el aceite ya caliente hasta que esté traslucida. Añadimos después las espinacas, salpimentamos y esperamos a que vayan pochándose. Cuando empiecen a perder firmeza añadimos el gochugaru (o pimentón) y mezclamos bien para que se mezclen los sabores.

Una vez pochadas las espinacas rociamos con el zumo de lima y mezclamos bien.

Volviendo al couscous, con un tenedor lo separamos para poder servirlo bien en un bol. Picamos los tomates.

Encima del couscous cubriendo la mitad del bol ponemos las espinacas y los tomates. En la mano machacamos un poco los anacardos y lo colocamos encima del couscous.

¡Y a disfrutar!

(Se puede servir con una rodaja de lima o dos por si se quiere usar un poco más del zumo).

¡un año y gracias!

De repente, sin esperarlo, va a llegar el aniversario de mi llegada a Madrid. Esta mañana, cuando ha sonado el despertador para avisarme de que son las 8 y debería arreglarme para ir a trabajar, me he acordado de eso, de los días previos a mi llegada, de mi viaje a Estados Unidos, de ese último viaje largo con mi madre, de mis lágrimas al darme cuenta de repente, que no volvería a vivir con ella. Y he estado buscando entre mis libretas un texto que escribí en Rockport, Tx, cuando unas noches después me acordé de la situación y cojí mi pequeña moleskine de viaje para escribirlo.

Processed with VSCOcam with f2 preset

 

 

“Estábamos sobrevolando el océano Atlántico, en un avión con destino a Houston. Yo acababa de terminar de ver una película coreana, y miré a mi izquierda. Mi madre estaba profundamente dormida, y no puedo remediarlo. Me puse a llorar. Apoye mi cabeza en su hombro y lloré en silencio. Estaba muy muy feliz. Veníamos a Texas, a visitar a mi amiga y mentora, Liz, quien había sido mi profesora cuando vivíamos en Corea del Sur y a quién hacía unos meses habían diagnosticado un Parkinson. Hacía más de 8 años desde la última vez que la vi, aunque mi madre ya la había visitado unos meses antes, en otro viaje.

>Estaba muy contento. Cinco días antes me habían confirmado que, por fin, iban a darme el traslado a una de las librerías de Madrid. Me mudaba, me iba de casa, un poco tarde, a los 31 años, 18 meses después de que a mí me diagnosticaran una miocardiopatía dilatada. Había estado asustadísmo, con miedo a tiene que pasarme el resto de mi vida viviendo con mis padres y teniendo que vivir el resto de mi vida como en una suerte de jubilación/baja permanente obligada, pero no era el caso. Por fin, iba a vivir mi vida. Me mudaba de mi pueblo, Getxo, a Madrid, la capital, a casi 400 km de mi familia.

10631202_10204999026642002_4713261720286913300_o
Rockport, Tx

>No había procesado ese lo que ese cambio significaba, hasta ese momento, justo después de una película coreana sobre una “halmoni” que por arte de magia se volvía joven de nuevo, y que acaba renunciando a su nueva juventud para ayudar a que su hijo salve a su familia. En ese momento, cuando apagué el monitor frente a mí, y miré a mi madre durmiendo a mi lado, casi en la cuenta: no volvería a ver a mi madre todos los días de mi vida nunca más. Estaba encantadísimo con la mudanza y con el cambio, incluso con el hecho de que no viviría con mis padres más y que escribiría mis propias reglas, pero lloré. Iba a echar de menos tanto a esa mujer.”

No escribí más. Pero recuerdo que disfrute muchísimo del viaje, de mi madre en ese viaje, y de mis amigos allí. También pensé en la vida que me esperaba aquí, en el hombre al que quería y que creía que sería el hombre de mi vida, en mi vida con él. En mi nuevo puesto de trabajo, en los amigos que vería más, en los que vería menos. Pensé en mi padre, al que ahora vería aún menos, en mi sobrino al que echaría de menos cada día, y en mi hermana. Pensé en Lord. Pero sobre todo pensé en lo que me vendría con el cambio, en lo que ganaría.

Es posible que el balance de este año no sea tan positivo como me hubiera gustado, pero me niego a pensar que todo es malo, y tengo muchas cosas, y tengo a muchas personas, que no tendría si no me hubiera mudado a Madrid. Me vine enamorado. Y aunque ese amor no ha durado, y aunque ni siquiera ha llegado a cumplir el año en la misma cuidad, ha sido ese amor el que me trajo aquí, el que me sacó de mi zona de confort, de las facilidades de vivir con todo hecho, y me dejó suelto, frente a una ciudad en la que siempre había querido vivir, en la que vivo, y en un pisito que llamo mío, con mis cosas, mis libros y mis tonterías.

No creo que hubiera hecho nada de manera distinta.  Estoy bien, en camino de la felicidad, intentando encontrar mi sitio, mi gente, y mi nueva familia, pero creo que he conseguido un buen comienzo. ¡He tardado un año y no es siempre fácil, pero vale tanto la pena! ¡Gracias V.! ¡ & gracias Madrid!