tomates asados

Podría vivir a base de tomates al horno.  La primera vez que se me ocurrió hornearlos fue gracias a Sophie Dahl y una maravillosa receta de sopa de tomates al horno en su serie para la BBC (una de mis favoritas, de hecho).  En ella horneaba 2 kilos de tomates con cebolla roja, ajo y tomillo. Desde entonces, cada cierto tiempo me da la neura y me pongo a hornear tomates.  Eso sí, yo no sólo los como en sopa. Yo divido los dos kilos y la mitad los como así, del horno con cuscús integral o con quinoa recién cocida. La otra mitad la dejo para sopa.  Lo mejor de hornear tomates es que hasta los mas pochos acaban sacando un buen sabor. Yo prefiero hornear tomates cherry de muchos colores, porque quedan genial en el horno, y al salir se le abre a uno el apetito. Aunque teniendo en cuenta el olor que desprenden ese apetito ya estaba “abierto” hacía un buen rato.

Esto no es una receta, es más bien un método muy poco científico que tengo para que los tomates resuenen con cualquier otro ingrediente que los pongas, que suelten un montón de jugo para mojar el cuscús o la quinoa bien, y para que pueda comerlos directos de la bandeja del horno, porque sí.

Yo horneo dos kilos de tomates cherry de diferentes colores, cortados por la mitad. No os voy a hablar de euskolabels, de si son o no orgánicos, porque por mucho que me gustaría poder deciros que los compro en el mercado de Antón Martín (la versión castiza del hipsterísimo Farmer’s Market) yo los compro el noventa por cien de las veces en el supermercado de al lado de casa, ese que está nada más salir del metro en la plaza de Lavapiés, ese. Lo que decía: dos kilos de tomates cherry de diferentes colores, cortados por la mitad, una cabeza de ajo cortada por la mitad y ya. A veces les echo cebolla, como Sophie, pero dado que a B. no le gusta demasiado la cebolla tiendo a no usarla. A esos tomates los rocías con aceite de oliva del bueno, un chorrito de vinagre blanco, sal y pimentón (yo aquí como siempre, utilizo gochugaru, el coreano, que para algo lo tengo siempre en casa). Y ya. Los horneo a 180ºC durante 1 hora – 1 hora y media, hasta que estén arrugaditos y hayan soltado bien de jugo.

Y eso es todo. No os puedo dar una receta exacta, porque el aceite, el vinagre y todo lo demás va a ojo de buen cubero, como cuando le pides a tu madre que te dé su receta de patatas a la riojana y todo pero todo todo es “a ojo, Mikel, a ojo”.

Un día lo coméis con quinoa, o cuscús, o incluso arroz. Otro día es pasarlo por la batidora, añadirle un poco de caldo de pollo para suavizar la textura y ya tenéis sopa.  Yo cuando tengo el día “extra fancy” pongo la sopa en mis mini-cocottes con una tostada de pan bueno, rallo queso y lo pongo bajo el grill hasta que se funda.

Probadlo. Y me decís.

verde, que te quiero verde

Admito que cocino poco con verduras, y eso que, por ejemplo, me encantan las espinacas, las vainas y el brócoli. Pero este es el territorio de mi madre, la mujer más saludable a la hora de comer que conozco.  El caso es que llegan las Navidades, ese tiempo del año en que comemos como si no hubieramos comido en el resto del año, en el que sacamos todas esas recetas que sólo usamos una vez al año (que si la pata de cerdo asada, que si pavo, que si pulardas). Y claro, luego está el turrón, los polvorones, el turrón, las almendradas… ¿He hablado ya del turrón?

Y claro, uno necesita compensar, para que el impacto después sea menor. Sobre todo, teniendo en cuenta, que todavía acarreo el peso (de más) de las vacaciones (Bath, Asturias por partida doble y Madrid) y que, para fastidiar, tengo cita con el cardiólogo justo después de Reyes y me va a cortar el michelín con una sierra eléctrica.

Conste que yo lo intento. Lo juro, pero luego veo hojaldre o una maleni (o dos, o tres) y claro, me pongo tonto y quiero comer más dulce del que debería. (Propósito del año: comer menos dulces y cocinar más saludable. Tengo miedo de ser como Bridget Jones y no mantener mis propósitos. Veremos).

Esta semana me he prometido a mí mismo el intentarlo de verdad, y me he puesto manos a la obra con esta receta vegetariana.

El caso es que me ha dado mas trabajo el fotografiarla que cocinarla, porque mira que queda feo un puré verde (y más si tiene tropezones, como este) en foto, pero con la ayuda de un par de patatas, y un poco de crème fraîche, hemos conseguido que no quede tan horrible. Pero lo realmente importante es lo buenísimo que está.

Obviamente, para hacerlo más healthy si quieres, usa aceite vegetal en vez de mantequilla, y no uses crème fraîche.

Crema de espinacas

  • 25 g. de mantequilla
  • 200 g. de patatas, peladas y cortadas en daditos
  • 300 g. de puerros, limpios y picados en tiras
  • 300 g. de espinacas
  • 300 ml. de caldo vegetal
  • sal y pimienta
  • zumo de limón
  • nuez moscada
  • crème fraîche
  • rayadura de limón

Fundimos la mantequilla a medio fuego en una cazuela de tamaño medio. Agregamos la patata y el puerro. Los dejamos cocerse a fuego lento durante unos diez minutos.

Agregamos 200 g. de espinacas y las tapamos, cociéndolas unos 3 minutos. Salpimentamos y añadimos la mitad del caldo.  Llevamos a ebullición y dejamos cocer 20 minutos tapando la cazuela parcialmente.

Después trituramos la mitad de la sopa hasta obtener una textura homogénea. Lo devolvemos a la cazuela.

Por último, trituramos las espinacas que faltan con el resto del caldo y la incorporamos a la sopa. Entonces añadimos el zumo de limón (al gusto) y una pizca de nuez moscada, recién rallada). Recalentamos a fuego lento.

Si se quiere una crema algo más liquida, se puede añadir un poco más del caldo.

Servimos en unos cuencos y adornamos con algo de crème fraîche y un poco de ralladura de limón. Esto es opcional, pero queda muy cuqui.

french onion soup, o cómo curar la melancolía

Se dan días en los que es necesario encerrarse en casa y en uno mismo, admitir que por un par de horas, incluso toda la tarde no vamos a servir para mucho.  Se dan días en los que la melancolía nos atrapa y necesitamos unas horas para leer, desconectar totalmente del mundo y dejarnos caer (sólo por un par de horas, no es necesario alarmarse) en esa espiral de tristeza.

Desde que he llegado a Madrid, sólo he tenido dos días así.  Aunque paso muchas horas solo, intento salir a pasear, a olvidarme de la búsqueda de trabajo por unas horas, y de la nostalgia producida por la falta de mi familia aquí, pero hay días, un par de ellos en los que sólo he querido encerrarme, leer, escribir y, acabar cocinando, para curarme.

Sophie Dahl, en su serie “The Delicious Miss Dahl” hablaba en uno de sus episodios de la melancolía y la describía, acertadamente así: “la melancolía está en una suerte de cruce entre la tristeza y el sufrimiento, pero es una aflicción anticuada, un tanto ridícula y melodramática” (la traducción es libre y mía).  A lo que añado yo que como todo melodramatismo tiene cierto nivel de patetismo, muy á la Bridget Jones.  La Dahl hablaba, en este episodio, de una sopa de pollo como la mejor cura para la melancolía… y yo estoy de acuerdo en que es una sopa la mejor forma de curar la melacolía, pero creo, que no hay nada como una buena visita a The French Chef Cookbook, y con ayuda de Julia Child hacer una versión propia de la French Onion Soup.

He hecho algunos cambios a la receta: La cebolla la he cortado en juliana en vez de muy picada.  No he usado harina para engordar la sopa y hacer una pasta. Y he añadido ajo.  Además, no he usado Gruyère sino Brie.

Seguro que con un plato tan contudente como esta sopa con el gratinado por encima, curamos nuestra melancolía y tenemos fuerza para volver a salir a la calle sonriendo.  Y es que nada como una sopa para combatir la melancolía (y el frío).

Bon Appétit, que diría Julia.

Sopa de Cebolla Gratinada (basada en la receta de Julia Child)


(Para 3-4 personas.  Es fácil doblar la receta, si mantienes el ratio de 1 litro de caldo por 3 cebollas grandes… aunque habrá que tener cuidado con las especias).

Necesitarás:
3 ó 4 cebollas grandes cortadas en juliana (o muy picado, dependiendo del gusto de cada uno).
50 g. de mantequilla.
aceite de oliva.
1 cucharadita (tsp) de sal.
1/2 cucharadita (tsp) de azúcar.
1 diente de ajo.
1 litro de caldo de carne.
1/2 taza de vino blanco.
1 hoja de laurel.
1/2 cucharadita (tsp) de tomillo.
sal y pimienta.

Para el gratinado:
8 o 9 rebanadas de baguette.
Queso Brie.
Algo más de mantequilla.

Método:
En una cazuela grande calentamos el aceite y añadimos los 50 g. de mantequilla para derretirlos.  Una vez derretida la mantequilla y mezclada con el aceite, añadimos toda la cebolla y con una cuchara de madera revolvemos para que la mantequilla cubra bien toda la cebolla.  Cerramos la cazuela con una tapa y dejamos pochando la cebolla a fuego lento durante 10 minutos.

Después de esos 10 minutos añadimos la sal y el azúcar y mezclamos bien.  Dejamos que se terminen de caramelizar y pochar (unos 30-40 minutos) mientras revolvemos cada cierto tiempo para que nos e quede pegado y no se quemen algo de la cebolla.

Cuando este la cebolla, añadimos el diente de ajo bien picado y lo dejamos salteando durante un minuto (pues el ajo se quema rapidísimo).

Entonces añadimos el caldo y el vino blanco, mezclamos bien y terminamos añadiendo las especias.

Lo dejaremos hirviendo a fuego lento para que los sabores se vayan mezclando durante unos 30 minutos más.

Esto se puede hacer todo con anterioridad.  Lo podemos dejar enfríar y una vez frío podemos mantenerlo en el frigorifico hasta el día siguiente.

Para servir:

Precalentamos el horno a 250º.  Tostamos el pan (cortado en diagonal) mientras servimos la sopa en platos individuales.  Una vez el pan esté bien tostado, ponemos dos o tres rebanadas encima de la sopa en cada bol, y encima del pan ponemos bien de queso Brie y un poco de mantequilla.

Gratinamos durante 7 u 8 minutos. O hasta que el queso esté bien fundido y con partes marroncitas.

Enjoy.

Sé que las fotos están un pelín (vale, un “muchín”) desenfocadas, pero todavía no le he cogido el truco a la cámara.  Espero que vaya la cosa mejorando.

Nos leemos pronto.

PD. Recomendaros la serie “The Delicious Miss Dahl”, serie bastante fácil para encontrar en la red.  Además cada episodio está rodado alrededor de un sentimiento, y estoy seguro de que más de una y uno de nosotros cocinamos en base a como nos sentimos.

PD2. Por favor, haced click en los links de la receta de Julia Child, porque la veréis en acción y estoy seguro de que os encantará.  Ya me diréis si os recuerda a la versión que de ella hace la gran Meryl Streep.

la radio, los noventa y una crema de aguacate

Llevo dos domingos colaborando en Radio Vitoria, en el programa Plaza Nueva Fin de Semana, hablando de la cultura popular de los 90.  La semana pasada hablamos de música, centrándonos en el grunge, el pop-punk y las cantautoras (1, 2 y 3) que tan de moda estuvieron en esa década, y ayer, hablamos de series de televisión, especialmente “Ally McBeal“, “Dawson Crece” y “Friends“.

Admitiré que el primer día estaba más nervioso, pero me quedó mejor, puede ser debido a que ayer estaba algo resacoso debido a las fiestas de Bilbao, y a que andaba medio enfermo, y en un momento me lie yo solo (hablando de Courtney Thorne Smith) y en otro solté alguna perla que sólo me hizo gracia a mí (“¿qué sería de nosotros sin Calista Flockhart?”.. obviamente sólo yo la creo necesaria en la televisión actual).  Así que os recomiendo que escuchéis ambos, el primero como demostración de lo bien que puedo llegar a hablar diciendo tonterías y el segundo en demostración de lo mala que es la resaca después de una noche de la Aste Nagusia bilbaína.

Yo soy muy fan de los años noventa, de ahí que para una vez que me ofrecen una colaboración en radio me da por recordar esa época… Y todavía faltan dos programas más: cine y literatura.  Desde “Reality Bites” hasta “Se lo que hicistéis el último verano” pasando por muchas otras… Y, en cuanto a literatura, hablaremos de la generación X, de Douglas Coupland, y de la respuesta española en Mañas con sus “Historias del Kronen“, Ray Loriga o Lucía Etxebarria y ese “Amor, Curiosidad, Prozac y Dudas“.

Y en los noventa fue, precisamente, cuando se me presentó el ingrediente estrella de la receta de hoy… y es que en una de las visitas a ver a mi padre a Houston (Houston, tenemos un problema), en esa época, es cuando probé por primera vez el guacamole, y desde entonces el aguacate es una fruta muy común en mi casa, tanto para ensaladas, como para la crema que hoy os traigo.

Más que una receta, lo que aquí presento es una base de crema, porque al final a esta crema le puedes añadir o quitar cositas, siempre que la base (aguacate y yogur) sea la misma: 2 aguacates, un yogur natural y 2 vasos de agua.  A partir de ahí puedes añadir o quitar lo que quieras.

Crema de Aguacate y Yogur

Necesitarás:
2 aguacates maduros
1 yogur natural sin azucarar
El zumo de 1 naranja
El zumo de 1 lima y media
Sal y pimienta

Método:
Parte por la mitad los aguacates y quitales la pepita.  Con ayuda de una cuchara saca la carne del aguacate de la piel.  En un bol mezclamos el aguacate y el yogur con la ayuda de una batidora.  Después añadimos 2 vasos de agua, el zumo de naranja y el zumo de lima (esto es un poco al gusto de cada uno, pero recomiendo usar una naranja de la mejor calidad, para que el sabor de la lima no tape todo el sabor a la naranja).  Batimos bien, y añadimos sal y pimienta al gusto.  Volvemos a mezclar bien.

Servir frío con un poco de rayadura de la naranja y del limón.  Es una crema de sabor suave y que entra muy bien.  Si se quiere se puede quitar el agua y con un poco de azucar convertirla en un smoothie buenísimo.